La ciudad capitalista es el escenario del mayor malestar social y político y es al mismo tiempo un testimonio monumental y un motor de la dialéctica del desarrollo capitalista desigual. (Ludovico Quaroni)
La racionalidad del dinero y la potencia del tipo de interés, la división del tiempo por el reloj y del espacio por el registro territorial del catastro son características abstractas de la vida social, pero cada una de ellas parece tener mucho más poder sobre nosotros que nosotros sobre ellas. (David Harvey)
La instalación pretende evocar un skyline omnipresente en muchos de nuestros municipios, y simbolizar todo aquello que representa un supuesto progreso, aumento del bienestar y de la civilización, pero que al mismo tiempo implica procesos irreversibles de degradación del ser humano y del medio ambiente. Una sociedad menospreciada y un capital social maltratado.
Una reflexión sobre lo alejados que estamos de la naturaleza y de la vida en comunidad y de cómo, en nombre de las supuestas posibilidades de la modernidad, nos abocamos inevitablemente al fin del concepto de crecimiento continuado.
Una instalación en forma de danza antropocéntrica, que con una coreografía de giros incansables nos lleva a pensar en un retorno a la concepción cíclica del tiempo y, de algún modo, en el intento de buscar un modo de vida más acorde con las leyes de la naturaleza.