Un ejercicio de recuperación de vivencias, de un mundo perdido. Un conjunto de objetos que por separado no dicen gran cosa, pero que en conjunto funcionan como reclamo, se convierten en una sola cosa, quizá una llamada de atención sobre la fugacidad de la vida.
“Estos pequeños fragmentos de cotidianidad no son exactamente recuerdos, son cosas que la gente ha visto, ha vivido, ha compartido, y que más adelante desaparecieron, fueron olvidadas; no merecían formar parte de la historia, ni figurar en las memorias de estadistas, alpinistas y monstruos sagrados.”
George Perec sobre Je me souviens, 1978.